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Bonaire, paraíso del buceo

Bonaire es una pequeña isla en el Caribe donde el buceo es 24/7, los 365 días. Con 60 de sus 86 puntos de inmersión accesibles desde la orilla, temperatura en el agua de 27ºC y visibilidad entre 18 y 30 metros todo el año, tan solo llenas tu camioneta de tanques, sales a bucear todo el día, y regresas al hotel para comer y dormir; dosis que puedes repetir toda la semana alternando los paisajes subacuáticos. No en vano se lee en la matrícula de los automóviles que circulan por la isla: “Bonaire - Divers Paradise”. 

La isla ha sido premiada por 24 años consecutivos como el mejor destino de buceo de orilla en el Caribe/Atlántico por Scuba Diving Magazine Readers' Choice Awards, y ha recibido 12 otros premios internacionales en 2017, entre ellos número uno para fotografía macro subacuática, mejor destino para snorkel y mejor destino de buceo para principiantes, aunque en la isla también puedes encontrar operadoras de primer nivel para buceo técnico en OC y CCR.

Un poco de historia:

Los primeros habitantes de esta pequeña isla fueron los Caquetíos (una rama de los indígenas Arawak), que navegaron desde la costa de Venezuela (apenas a 80 Km) hace casi 1000 años. 

Los primeros europeos llegaron a Bonaire en 1499, cuando Alonso de Ojeda y Americo Vespucci la reclamaron para el reino de España. Sin embargo, el hallazgo tuvo poco valor comercial y al no visualizar futuro para la agricultura a gran escala, los españoles decidieron no abandonar la isla. Esclavizaron a los indios de allí, y los llevaron a trabajar en las plantaciones en la Isla de Hispaniola (hoy Haití y República Dominicana). 

El nombre Bonaire se piensa que provino originalmente de la palabra Caquetía "Bonay", que significó “tierra baja”. Al adaptarlo al español y al holandés, se modificó su deletreo a Bojnaj y también a Bonaire. Otros datos menos consistentes señalan que la palabra surgió de la influencia francesa, bajo la suposición que el nombre significa "aire bueno". 

Hasta 1526 la isla había estado prácticamente desierta. Ese año el entonces gobernador Juan de Ampues trajo ganado a la isla y parte de los Caquetíos volvieron a ser empleados como mano de obra. En unos pocos años, la isla llegó a ser un centro para la crianza de animales como ovejas, cabras, puercos, caballos y asnos. Algunos burritos y cabras silvestres descendientes de esta cría todavía deambulan libres por la isla, e incluso los asnos tienen su “resort”, el Donkey Sanctuary. 

En 1633, Holanda tomó posesión de Curacao, Bonaire y Aruba. La isla más grande, Curacao, surgió como un centro de comercio de esclavos, y Bonaire pasó a pertenecer como plantación a la Compañía Holandesa de las Antillas, quienes trajeron a los primeros esclavos africanos, para cortar madera, cultivar maíz y cosechar sal. Algunas chozas de esclavos permanecen como recordatorios crueles de esos días. 

Hasta 1816, la propiedad de Bonaire cambiaría de mano varias veces, hasta que finalmente volvió a ser dominio holandés. Un fuerte pequeño, el Fort Oranje, se construyó para proteger el recurso principal de la isla, la sal; un bien que Bonaire suministraba inagotablemente, aunque tomara el trabajo esclavo para producirla. El gobierno, que controlaba para entonces la industria, construyó cuatro obeliscos, y pintó cada uno de un color diferente, rojo, blanco, azul y anaranjado (los colores de la Bandera holandesa). Fueron erigidos en áreas estratégicamente cercanas a la salina. La idea era señalar a los barcos donde recoger sus cargas de sal. Tres de los obeliscos se pueden ver todavía hoy. 

La abolición de la esclavitud en 1863 señaló el fin a la era de explotación de la sal, y la isla quedó nuevamente en el olvido. Pasaron casi cien años para que se construyera el primer muelle en el puerto, que permitió a los barcos desembarcar pasajeros y carga. Los hoteles comenzaron a aparecer y proveer hospitalidad, y en 1943, la construcción de un aeropuerto hizo aún más fácil para los turistas alcanzar la isla. 

Un destino de buceo “verde”:

Los habitantes de Bonaire han sabido sacar provecho de una isla que fue abandonada hace siglos creyéndola inútil. Ellos valoran mucho su patrimonio y han aprendido a equilibrar el crecimiento turístico con el medio ambiente. Prácticamente toda la isla es un parque marino protegido, y los buceadores y otros visitantes pagan un fee que se utiliza para la administración y protección de la naturaleza. Como resultado, los arrecifes están en excelente estado, y todo el ambiente submarino es digno de ser fotografiado.

La capital Kralendijk, es pequeña, pero cuenta con facilidades del primer mundo. Existen cajeros electrónicos y buenos servicios de telecomunicaciones, supermercados hoteles y restaurantes. El agua del grifo es desalinizada y 100% potable, la moneda oficial es el dólar (USD), y se habla papiamento, holandés, inglés, español y portugués, o una mezcla de todos ellos.

Como destino privilegiado de buceo, hay múltiples operadoras que proveen servicios tanto para principiantes como para los más extremos. Desde aire y Nitrox ilimitado, hasta Trimix y Oxígeno en alta presión, para los amantes del Buceo Técnico. Incluso existe un hospital con cámara hiperbárica activa.

¿Quieres bucear relajado en Bonaire? Estamos formando un grupo en Atlantis Club de Buceo, y pronto tendremos una charla informativa para ver fotos, videos y todos los detalles de nuestros próximos viajes a este paraíso del buceo. Déjanos un comentario en esta publicación, y te mantendremos informado de los detalles.

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